Mi nombre es Trini, con 35 años me diagnosticaron baja reserva ovárica y tras 2 embarazados fallidos nos pusimos en manos de una clínica de fertilidad. En julio de 2017 nos hicimos la primera transferencia de embriones por ovodonación y no quedamos embarazados. En diciembre de 2017 vuelvo a quedar embaraza espontáneamente pero de nuevo se produce un aborto.

En abril de 2018 decidimos volver a hacer otra transferencia pero el resultado también es negativo. Nuestra ginecóloga habla con nosotros y nos dice, y cito textualmente “Trini, no vuelvo a hacerte otro tratamiento hasta que mi psiquiatra me diga que mental y emocionalmente estáis preparados”. He de reconocer que tras el fracaso de la primera transferencia iba a la segunda completamente asustada.

Ese mismo día nuestra ginecóloga nos sacó una cita urgente con su psiquiatra, este nos entrevistó y nos derivó directamente al Centro Nacer con Nieves Barceló. A la semana siguiente Nieves nos vió en su centro y a partir de ese día comenzamos a ver luz.

Esa tarde Nieves nos ayudó a ver la necesidad que ambos teníamos de llorar juntos a nuestros niños y sacar todo el dolor que llevábamos dentro. Yo, siempre he “presumido” de tener mucha comunicación con mi pareja pero en cambio, no quería que sufriese viéndome llorar, así que me fui guardando todo ese dolor. Esa tarde, también él reconoció que había ocultado su dolor para no hacerme sufrir.Y fue en ese momento cuando por fin pudimos seguir llorando a nuestros bebés, ya que no los habíamos llorado lo suficiente.

Continuamos las sesiones con Nieves y poco a poco fuimos encontrándonos mejor. Unas semanas más tarde Nieves organizó una charla con mujeres a quienes ser mamás cuesta un poquito más de tiempo que a otras.Recuerdo la primera sesión con especial cariño, ahí conocí a un grupo de mujeres valientes y luchadoras con un sueño común. El poder compartir mis sentimientos con mujeres que están pasando por una situación similar a la mía fue una cura emocional, ya que todo este proceso lo llevábamos en secreto mi pareja y yo.

Nieves no sólo nos ha ayudado a aprender a escuchar a nuestro cuerpo y los mensajes que éste nos manda, sino que ha sido un pilar fundamental para recobrar la confianza, la seguridad y volver a creer que “lo bueno también pasa”.

Siempre a lo largo de mi vida, he intentado sacar el lado positivo de todo lo que me ha pasado y hubo un momento a lo largo de este proceso que lo olvidé. Nieves me ayudó a aprender a reconocer y aceptar mis emociones, a no tener miedo a compartir mis sentimientos con mi pareja y a no sentirme mal o avergonzada por la emoción que en un momento determinado puedo sentir.

Muchas veces, somos impacientes con la vida, lo queremos todo ya, al instante, y gracias a Nieves pudimos ver y comprender que las cosas tienen su momento, y que llegarán cuando tienen que llegar, cuando nuestro cuerpo, mente y alma estén conectados y preparados para ello. No por llegar antes o después serán mejores o peores.

Gracias a aceptar mis sentimientos y emociones, a ser tolerante con ellos, gracias a conectar mi cuerpo, mi mente y mi alma, nuestro sueño de ser padres se ha convertido en realidad.

Los sueños, si de verdad crees en ellos, tarde o temprano se hacen realidad.

“Confía, cree, crea”

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